El sonido de los polinizadores
“Un proyecto que cruza arte, ciencia y participación ciudadana para acercarnos al mundo de los insectos polinizadores y la biodiversidad urbana a través de experiencias de plantación, observación y cocreación con comunidades”
— Paula Aros Gho, directora.
Proyecto financiado por el programa Ciencia Pública del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación.
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En esta sección encontrarás fichas educativas de las especies vegetales e insectos que están y visitan el jardín de GAM. Las fichas fueron elaboradas por Maureen Murúa, destacada bióloga, científica y académica de la Universidad Mayor, especializada en ecología evolutiva, interacciones planta-animal y ecología de la polinización. Muchas de las interacciones entre plantas e insectos que encontrarás en las fichas han sido observadas y registradas en la investigación que Maureen lidera y lleva a cabo junto a Margarita Reyes de Terófita, organización pionera en praderas nativas de Chile central.
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Descarga esta guía ilustrada para atraer polinizadores urbanos donde estés. Hemos creado un documento que puedes seguir para realizar una plantación y/o siembra de especies vegetales nativas que atraen a insectos polinizadores. En la guía encontrarás las estrategias para llevar a cabo la plantación, la observación, el registrar cotiledones y floración, y cómo llevar un relato propio del proceso.
Participar
El sonido de los polinizadores
Bitácora de un jardín
¿Cómo conviven las plantas, las flores y los insectos polinizadores en la ciudad? Desde esa pregunta nace este proyecto Ciencia Pública dirigido por Paula Aros Gho, impulsado por la Escuela de Teatro y el Centro GEMA de la Universidad Mayor, en Plaza Zócalo de Centro GAM. Arte y ciencia comparten una raíz común: observar, preguntar, reflexionar. La propuesta abre este este proceso a la comunidad quienes son parte fundamental de la creación de este jardín. En esta sección te compartimos la bitácora del proceso de creación de esta instalación sonora.
Mediaciones abiertas
Si quieres participar de las mediaciones abiertas al público que tendremos, debes inscribirte previamente.
Bitácora de un jardín
Esta bitácora reúne el proceso de El sonido de los polinizadores: cinco talleres abiertos con un grupo intergeneracional, en los que sembramos, observamos y escuchamos los ciclos de plantas e insectos, y el trabajo creativo que nació de ahí —diseño sonoro, escritura y construcción de la obra— hasta su apertura a público, proceso que se llevó a cabo entre junio y noviembre de 2026. Las memorias y miradas de quienes participaron atraviesan cada una de esas etapas.
20 de junio de 2026.
Sembrar lo que no se ve
Nos reunimos el sábado 20 de junio a las 10.00 am en la Plaza Zócalo de GAM. Vinieron más de 30 personas, les entregamos un Pasaporte de Polinización y una Bitácora de Observación para registrar, palabras, dibujos y crear imágenes. Era la mañana del solsticio de invierno, año nuevo para los pueblos originarios. Había sol y frío, la plaza estaba silenciosa, la tierra de las jardineras preparada y vacía, ¿o estaba llena de algo que no veíamos?. Observamos semillas aumentadas por lupas, subimos nuestras mangas para sembrar una pradera de flora nativa de la cuenca de Santiago. Conversamos sobre la latencia: la semilla, el huevo, la larva bajo tierra. Sobre planos y fotografías del lugar, la comunidad dibujó lo que imaginaba que ahí iba a crecer ahí.
27 de junio de 2026.
Plantar relaciones
Nos reunimos el siguiente sábado, llegaron algunas personas nuevas. Esta vez hicimos una plantación de especies nativas ya crecidas. Las manos de la comunidad se llenaron de tierra y de conversaciones. Hablamos sobre la interacción entre plantas e insectos más allá de la polinización: plantas como refugio, como espacio de descanso y como alimento. La invitación que hicimos fue a escribir carteles que describieran esas relaciones futuras: “aquí podría alimentarse una mariposa”, “aquí podría descansar una mosca florícola”. Imaginamos los futuros del jardín, sus interacciones multiespecies, conversamos sobre las plantas del jardín de nuestras casas, sobre hablar con las plantas y sobre pausar y escuchar.
4 de julio de 2026
Trazar corredores
Sábado de mucho frío, tenemos algo de aprensión por la posibilidad de que llueva, de que llegue menos gente, pero las nubes no dejan caer agua mientras estamos ahí. Si, somos menos personas, pero todas muy atentas. Nos sorprende el silencio que se forma cuando nos detenemos con nuestras Bitácoras de Observación. Conversamos sobre los corredores biológicos, extendemos el jardín de GAM hacia un plano ampliado de la ciudad, donde hay rutas que un insecto recorre entre parches verdes. Desde el Cerro San Cristóbal al Santa Lucía, hasta encontrar en esta plantación un lugar donde detenerse. Nuestros recorridos humanos también son trazados y se intersectan en el mapa de la ciudad que compartimos con tantas otras especies y elementos.
Agosto de 2026
Conceder atención
En agosto nos reunimos dos veces. Ya habían brotes con sus cotiledones. Nos emocionamos de ver el crecimiento, aunque fuese pequeño, nuestras manos y palabras estaban ahí. El grupo se conformó de un modo más estable, pero siempre llegaba una persona nueva curiosa por saber sobre este jardín. Conversamos sobre el polen, sobre la morfología de las flores, sobre la proyección de este proceso artístico. Hicimos una prueba con los primeros audios e ideas de diseño, escuchamos las opiniones de la comunidad para la segunda etapa del proyecto, la creación sonora y visual de la experiencia que nos volvería a reunir en 2 meses más.
Septiembre de 2026
Dar forma a la escucha
En septiembre el jardín empezó a crecer mucho y a cambiar de color. Aparecieron las primeras flores de la flor de la cuncuna, y con ellas las primeras visitas: una abeja que se detuvo, una mariposa blanca. Las bitácoras, los dibujos, los carteles y las conversaciones de los talleres pasaron de mano en mano dentro del equipo artístico: escritura, sonido, diseño, como una figura de cuerdas que cada una recibe, sostiene y transforma antes de entregarla (Haraway). Nona Fernández escribió una voz que observa, se pregunta y a veces no sabe. Daniel Marabolí creó sonidos envolventes y los reunió con los testimonios de la comunidad. Gabriela Torrejón dio forma a las imágenes, y Maureen Murua acompañó cada decisión desde la ciencia. Volvimos al jardín a probar los audios entre las plantas, buscando una escucha que se acercara a las especies sin hablar por ellas, con lugar para el silencio y la lentitud.
Octubre de 2026
Un jardín que sigue
En octubre de 2026 llovió muchísimo, la pradera estaba en plena floración y la plaza ya era otra. Lo que habíamos sembrado cuatro meses atrás se había vuelto visible: tallos, flores, insectos que llegaban y se iban por sus propias rutas. Preparamos las mediaciones para el público, junto a Valentina Parada y Fira Riquelme pensamos en la mejor manera de compartir esta experiencia. El jueves 29 de octubre a las 18.30 hrs inauguramos la Instalación Sonora, el viento movía las flores, las hojas y nuestras voces. Abrimos el jardín al público con la obra visual y sonora entre las plantas. Llegaron las personas de los talleres y reconocieron sus palabras y preguntas. Esa tarde el grupo se amplió, y la red de relaciones que habíamos imaginado en junio empezó a tener más hilos.
Noviembre de 2026
Quedarse a escuchar
Noviembre fue un mes donde el sol empezó a quedarse cada vez más. Al jardín llegaron quienes cruzaban la plaza, y algunas personas que pasaban por ahí también se quedaron. Caminaron despacio, se detuvieron frente a una flor, escucharon la obra mezclada con el viento. El recorrido cambia con la hora, con el clima y con quienes lo habitan, humanos y no humanos, y ninguna visita lo agota. La obra se activa en ocho encuentros en el jardín, y puedes inscribirte en este enlace.
El futuro
Este jardín se queda en la Plaza Zócalo de GAM y su tiempo es cíclico. Hacia enero seguramente lo veremos seco, y cosecharemos sus semillas junto a la comunidad. Después el suelo parecerá vacío, como aquella mañana de junio, pero bajo la superficie habrá semillas en latencia, esperando las lluvias del invierno. Un ciclo que se repite y nunca es igual, y que nos permite imaginar futuros donde las redes interespecies se expanden.