En un colegio rural cercano al Volcán Villarrica, un nuevo profesor de Santiago irrumpe en un sistema coludido por docentes para aprovecharse de la fiscalización deficiente. La obra, dirigida por su dramaturga María José Pizarro, del colectivo CTM, expone las complejidades morales y la decadencia del sistema educativo rural.

En 2012, se publicó un reportaje sobre una escuela rural de la Región del Biobío que contaba con un solo alumno. Esa "anécdota" inspiró al colectivo CTM a crear en 2016 esta obra que tuvo solo una temporada y luego quedó guardada.

Hoy, El purgatorio vuelve a reestrenarse para evidenciar una crítica mordaz al sistema educativo. La propuesta explora las tensiones entre ética, poder y supervivencia, cuestionando cómo el abandono del Estado y las dinámicas de lucro impactan la educación en zonas rurales.

En escena, un recién llegado profesor de religión comienza a perder la paciencia cuando el único alumno del colegio no llega a clases. Todo esto dentro de un contexto de paros y manifestaciones por la llamada "revolución pingüina". Mientras los demás docentes se toman el asunto con mucha paciencia y normalidad, el santiaguino maestro entiende el proceso y funcionamiento atípico del lugar, donde desde el director hasta el personal de aseo, sacan provecho de las falencias del sistema educativo, para ganar dinero a costa del Estado.

Con un humor mordaz y una profunda reflexión, la obra expone cómo las instituciones diseñadas para el bienestar social pueden transformarse en espacios de corrupción. “Creo que la obra apunta a una contingencia más amplia que trasciende el ámbito educativo. Es una sátira que refleja cómo las estructuras sociales a menudo son manipuladas en beneficio de unos pocos”, comenta el actor Cristóbal Bravo, quien interpreta al joven profesor protagonista.

Con una escenografía realista de un salón de clases, la obra logra una atmósfera que sitúa al público en una historia cotidiana, de tensiones en la sala de clases, estrategias para hacer rendir sueldos, complicidades oportunas. "Nuestra propuesta tiene un sello muy particular: un humor que roza el absurdo, lenguajes que no siempre conviven y el uso del teatro físico que queremos acercar al público general. Tomamos justamente ese cotidiano, lo llevamos al extremo y lo ponemos en escena", cuenta la directora, María José Pizarro.

El Colectivo CTM, fundado en 2014, se ha consolidado como referente del teatro físico y la experimentación interdisciplinaria en Chile. Con más de diez montajes, aborda problemáticas sociales desde lenguajes contemporáneos, integrando movimiento, tecnología y dramaturgia crítica. El Purgatorio es su cuarto montaje, estrenado en 2016.

Dirección y dramaturgia: María José Pizarro | Compañía: Colectivo CTM | Elenco: Cristóbal Bravo, Sebastián Trincado, Leonardo López de Arechaga, Valentina Escobar y Luis Chávez | Asistencia de dirección y vestuario: Daniela Espinoza | Diseño: Gabriela Torrejón | Diseño iluminación: Francisco Herrera | Diseño sonoro: Nicolás Bascuñan | Mapping: Ignacio Tolorza | Producción: Pamela Jaque & Cizarro producciones.

“Una comedia irreverente, cuyo texto asertivo y actuaciones y personajes exagerados llegan al espectador con un humor fresco que estimula la reflexión sobre la educación en Chile”

— Leopoldo Pulgar, crítico de teatro.

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